Jeff Bezos, salvar a la humanidad se convierte en un gran negocio

 

 

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Jeff Bezos Parece un tema menor, pero advierte The Economist que un accidente puede frenar esta nueva carrera espacial durante años.Bezos ha sacrificado la presidencia de Amazon y está dispuesto a arriesgar su vida en el empeño. Y no lo hace solo por el chute de adrenalina.

Por ; Martín Bayona

Jeff Bezos está convencido de que los libros de historia contarán que el 20 de julio de 2021 la humanidad se convirtió en una raza de nómadas interestelares. Y que él será recordado no como el fundador de Amazon, sino como el primer emigrante cósmico de una civilización destinada a perpetuarse lejos de la Tierra.
De momento, apenas es una excursión de once minutos y cien kilómetros de altura. Pero solo es el principio. Y es que en la mente de Bezos no se trata de un viaje de un día, sino del comienzo de una larga, larguísima marcha que durará siglos y milenios. Una huida hacia delante, si lo prefieren.
Léase en clave apocalíptica: si no queremos extinguirnos como especie, no pongamos a todos los humanos en el mismo planeta.
Por eso ha querido reunir a tres generaciones en el cohete de su compañía espacial, Blue Origin: el propio magnate, de 57 años, y su hermano Mark, de 53; su invitada, Wallis Funk, una astronauta octogenaria que fue apartada del programa Mercury en los años sesenta por su condición de mujer; y Oliver Daemen, un hijo de papá de 18 años cuyo progenitor fue el segundo en la puja por una plaza, pues el ganador, que pagó 23 millones de euros, renunció a ir en el viaje inaugural “por motivos de agenda”. Y por eso hay otros ultrarricos (Richard Branson y Elon Musk, al frente) obsesionados con ir al espacio. Por supuesto, Bezos, Branson (Virgin Galactic) y Musk (SpaceX) son, ante todo, vendedores. Hombres de negocios. Y confían en que salvar a la humanidad se convierta en un gran negocio.
Y es que estamos al comienzo de una nueva era, semejante a la de los pioneros de la aviación comercial hace un siglo, cuando pilotos y pasajeros rezaban juntos en la pista antes de embarcar. Con una diferencia: “Volar en un cohete es 10.000 veces más peligroso que en un avión comercial”, señala George Nield, asesor de Transporte Espacial de la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos. Bezos ha sacrificado la presidencia de Amazon y está dispuesto a arriesgar su vida en el empeño. Y no lo hace solo por el chute de adrenalina.
Y no le ha ido mal hasta ahora. Es el hombre más rico del mundo. Su fortuna supera hoy los 200.000 millones de dólares y sigue aumentando con la pandemia y a pesar de haber afrontado el divorcio más caro de la historia. De momento, el dinero le sirve para financiar Blue Origin, que no da beneficios, igual que Amazon tampoco daba al principio... Por cierto, no hay compañía de seguros que se atreva a cubrir el viaje.
Los pasajeros de la New Shepard se han conformado con firmar un consentimiento informado no muy diferente al que suscriben los que van a hacer un bautismo de buceo. Parece un tema menor, pero advierte The Economist que un accidente puede frenar esta nueva carrera espacial durante años. Ya pasó con el accidente del transbordador Challenger en 1986.
¿Pero cuál es exactamente el negocio? ¿Turismo espacial? ¿Minería interplanetaria? ¿Contratos con las agencias espaciales? Todo se andará... De momento, se trata más bien de crear la necesidad de ir al espacio. El turismo para las élites solo es el principio. A largo plazo, y si se fundan colonias en la Luna, Marte y más allá, habrá que crear de cero toda una serie de economías paralelas. Musk asegura que en 2050 habrá un millón de personas en Marte y que miles de sus cohetes Falcon reutilizables llevarán allí a los colonos, a razón de 300 por viaje, a precios asequibles. Puede que el calendario sea demasiado optimista,
pero esa es la hoja de ruta, sobre todo teniendo en cuenta que el planeta rojo es un infierno, sin atmósfera para respirar ni magnetosfera que nos proteja de las radiaciones solares, en el que habrá que vivir como los topos.
Y el turismo suborbital apenas es un bocado de un pastel enorme. El año pasado los fondos de inversión inyectaron 24.000 millones de euros en negocios espaciales, desde construcción de cohetes a lanzamientos de satélites. Y Morgan Stanley calcula que en 2040 la economía espacial generará unos 850.000 millones de euros en ingresos, casi el triple que en la actualidad. Una encuesta realizada por el banco de inversión Cowen señala que dos de cada cinco personas con una patrimonio superior a 5 millones de dólares estarían dispuestas a pagar los 250.000 dólares que hoy por hoy cuesta sentirse astronauta por unos minutos. Y la consultora Capgemini cifra el mercado potencial en dos millones de viajeros.
Bezos es el gran vencedor de la crisis del coronavirusAmazon aumentó tanto sus ventas que tuvo que contratar a más de 100.000 repartidores. Ya tiene 840.000 empleados. Las acciones de la compañía se catapultaron casi el doble que al comienzo de la pandemia..
No obstante, el turismo espacial ni siquiera es el objetivo principal de Blue Origin. La empresa se centra en el desarrollo de un gran cohete reutilizable, el New Glenn, del tamaño de la estatua de la Libertad, para viajes más ambiciosos; así como en la venta de motores de cohetes avanzados a otras empresas y en la licitación de contratos de la NASA. Y ya tiene un módulo capaz de aterrizar en la Luna, donde pugnará con China y Rusia por explotar las reservas de helio 3, el combustible de la fusión nuclear.
El que llegue primero, dictará la ley. A no ser que la comunidad internacional se apresure a crear un marco legal que todos deban cumplir SpaceX también va a utilizar el turismo como actividad complementaria, tras firmar un acuerdo con la NASA para enviar viajeros a la Estación Espacial Internacional y otro con otra compañía privada para viajes turísticos de tres días a 540 kilómetros de altura. Musk también ha puesto en marcha Starlink, que tapizará la estratosfera con miles de satélites para llevar Internet a todo el mundo.
En 2000 fundó Blue Origin, la empresa aeroespacial con la que planea crear un asentamiento en la Luna. Imagina un futuro en el que viviremos en colonias espaciales cilíndricas flotantes con acceso ilimitado a energía solar.
En cuanto a Sir Richard Branson, un mago del autobombo, asegura que tiene a 600 clientes en lista de espera para dar paseos suborbitales. Las acciones de Virgin Galactic subieron nada más finalizar su exitoso vuelo del 11 de julio, aunque luego cayeron por las dudas de los inversores ante la perspectiva de una ampliación de capital. Eso sí, el británico se dio el gustazo de adelantarse en nueve días a Bezos. Y se lo restregó en Twitter. Bezos respondió insinuando que Branson ni siquiera ha estado en el espacio exterior, pues solo ha alcanzado 80 kilómetros de altura, cuando la línea de Karman, que sirve de frontera oficiosa entre la atmósfera terrestre y el resto del cosmos, está en cien kilómetros. No hay que ser psicoanalista para percibir un pique entre machos alfa a ver quién sube más alto... “La carrera espacial de estos millonarios es una competición trágica de egos desbocados”, denuncia Jacob Silverman en The New Republic, que considera que son como niños consentidos que apenas prestan atención a los problemas cotidianos de la gente o al colapso ambiental, y que se gastan “el dinero que han ganado explotando a trabajadores en precario y eludiendo impuestos”. Silverman sentencia: “Las prioridades declaradas por estos tres hombres no son idénticas (Bezos, por ejemplo, dice estar preocupado por trasladar la capacidad industrial de la Tierra fuera de este mundo). Pero todos mantienen intereses potencialmente lucrativos en empresas de lanzamientos de satélites y cohetes, que es donde está el verdadero dinero. Y si los lanzamientos van bien, se beneficiarán del aumento del optimismo y las inversiones en esta industria”.
Bezos es hijo de madre soltera.Tomó el apellido de Mike Bezos, un inmigrante cubano que se casó con ella cuando Jeff tenía cuatro años.
De momento, tanta competitividad ha espoleado a los ingenieros, que han diseñado diversas maneras para reutilizar los cohetes y abaratar los costes. Y ha beneficiado de rebote a la NASA, que se ha ahorrado un pastizal en I+D, colaborando con la empresa privada en el diseño y la explotación de cohetes. Además, ya no depende de los rusos para poner a astronautas en órbita. Y, sobre todo, ha recobrado el espíritu aventurero y optimista de los tiempos de la misión Apolo. Bezos tenía cinco años cuando se quedó embobado mirando en la tele el primer alunizaje. Y asegura que le marcó para siempre. Devorador de ciencia ficción, anunció en el instituto que un día construiría un parque temático en la Luna. “La Tierra es finita y la única manera de que crezcan indefinidamente la economía y la población mundial es ir al espacio”, reveló a Wired. Considera que el turismo espacial es una manera de que el gran público se vaya haciendo a la idea... Porque es la redención del ser humano lo que está en juego, quizá ahora no seamos conscientes de ellos, pero más tarde o más temprano lo tendremos que asumir.

 

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Bezos tenía cinco años cuando se quedó embobado mirando en la tele el primer alunizaje. Y asegura que le marcó para siempre
“Ir al espacio y salvar a la raza humana son ideas que han cautivado a la gente desde hace mucho tiempo. Durante siglos, la civilización occidental asumió que el universo estaba lleno de vida e inteligencia. La alternativa —la soledad más absoluta y la orfandad cósmica— eran demasiado difíciles de aceptar. Pero no había razones para imaginar que la humanidad debería emigrar a otros planetas para sobrevivir”, cuenta el escritor británico Thomas Moynihan, del Instituto para el Futuro de la Humanidad de la Universidad de Oxford. La ciencia ficción, de hecho, imaginaba viajes de exploración, pero nunca de colonización. Esto cambió en el siglo XIX, cuando la ciencia de la época victoriana descubrió que el sol utilizaba combustible y que algún día, más o menos dentro de 5000 millones de años, se agotará. En los años veinte del pasado siglo fue el genetista británico JBS Haldane el primero que especuló con la posibilidad de que la humanidad colonizase otros sistemas solares. Y en los años cincuenta, con la proliferación de armas nucleares, la extinción humana dejó de ser algo distante. Desde entonces, nos hemos familiarizado con la perspectiva de que el apocalipsis puede estar a la vuelta de la esquina, sea por el cambio climático, un asteroide, un virus, o cualquier otro evento catastrófico. Isaac Asimov sugirió en los sesenta que habría que ir pensando en vivir en la Luna y Marte y abandonar “el chovinismo planetario” que nos hace preferir la Tierra. Bezos y Musk tomaron nota. Y fundaron sus empresas espaciales a principios de este siglo. De hecho, se reunieron una vez en 2003. Una comida de negocios para explorar una colaboración. No se hicieron socios porque cada cual quiere imponer su visión.... Y sus leyes. Musk ya ha anunciado que el Tratado del Espacio Exterior, firmado en 1967 entre soviéticos y norteamericanos, será papel mojado donde aterricen sus cohetes. El que llegue primero, dictará la ley. A no ser que la comunidad internacional se apresure a crear un marco legal que todos deban cumplir.
Bezos considera que si se eleva el listón con cada nueva incorporación, al final tendrá a los más brillantes ejecutivos.